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Asociados con el glamour, los espumantes se alzan como la esperanza de un sector en crisis. Cada vez más firmas lanzan la propia etiqueta y los consumidores acompañan la oferta. Los jugadores que se suman a esta tendencia.

Diciembre es el mes del champagne y los vinos espumantes. Compañeros de trabajo y las familias en el hogar, todos descorchan las burbujeantes botellas para despedir y dar las bienvenida al nuevo año con un brindis. Pero, ¿qué hay detrás de este ritual? En principio, y según el Observatorio Vitivinicola Argentino, un crecimiento que va de 61 bodegas fraccionadoras, en 2005, a 127, en 2013, con un alza acumulada del 116% en las ventas (18 millones de litros, en 2005, a 40 millones, en 2013).


Dulces, secos, tintos, blancos, rosados o frutados; alcanza con dar una vuelta por la góndola de un supermercado para, rápidamente, notar la gran variedad de ofertas con diferentes etiquetas, estilos y presentaciones. "El espumante está de moda, tanto en la Argentina como en el resto del mundo. Es un vino fácil de beber, que conquista paladares de hombres y mujeres por igual. Puede consumirse solo y, al mismo tiempo, es versátil para acompañar cócteles", describe Victoria Rey Petit, gerente de Marketing de la Bodega Argento, que en 2014 lanzó su primera línea de espumantes Argento Brut Nature y Argento Extra Brut. "Además, dentro de la categoría, los consumidores pueden alternar entre distintas propuestas de estilos, tipos y posicionamientos de precio. El aumento de las opciones de productos amplió el espectro de consumidores que ingresaron en la categoría", añade la ejecutiva.


Ubicada en la localidad de Maipú, Mendoza, Argento elabora alrededor de 8 millones de litros de vinos por año y exporta a más de 50 países. Sin embargo, asegura Rey Petit, la esencia del establecimiento es ampliar constantemente su oferta con novedades. Por ello, el reciente lanzamiento de los espumantes tiene por objetivo responder a la insistente demanda del mercado externo. ¿La clave? "La calidad de las uvas con las que se elabora el vino base. Se obtienen de viñedos propios, en los que tenemos un seguimiento constante de toda la evolución de las vides y con los que podemos garantizar que la calidad del vino sea acorde con lo que buscamos", concluye la ejecutiva de la bodega que en 2014 facturó $ 150 millones.


Otra bodega mendocina que decidió apostar por los espumantes es Manos Negras. Si bien 2014 fue su primer año de ventas, desde la firma estimaban que, al cierre del ejercicio, esos productos ya representaban el 5% de su facturación. "Creemos que el consumidor está buscando cada vez más pequeños productores que se diferencien de las grandes bodegas por reflejar su propia personalidad en cada espumante", explica Alejandro Sejanovich, dueño y enólogo de Manos Negras, quien agrega: "En nuestro caso, el diferencial más importante es el terruño de donde vienen las uvas. Vemos que la mayoría de los espumantes buscan diferenciación por los métodos de elaboración y los niveles de azúcar; nosotros hacemos hincapié, principalmente, en el origen de las vides".


Sus espumantes se elaboran en una champagnera y Manos Negras elige los viñedos y uvas a utilizar como vinos base. "Una relación muy cercana con la champagnera nos asegura el control absoluto sobre todo el proceso", destaca Sejanovich.


Más allá de Cuyo
Aunque la vitivinicultura argentina se encuentra concentrada, fundamentalmente, en Mendoza y San Juan, con el 92% de la actividad, según el Observatorio Vitivinícola, entre 2005 y 2013, pequeñas bodegas fraccionadoras fueron apareciendo en el resto de país y ofrecen sus espumantes, incluso en regiones que no son tradicionales de la ruta del vino, como Entre Ríos, La Pampa y Neuquén.

Fuente: www.areadelvino.com